jueves, 17 de julio de 2014

Las voces del libro y el santo olor de páginas y forros



Anna Maria D’Amore me dijo que ella veía esta como una gran selección de dulces; como británica/mexicana que es, evocó la imagen del una vez ubicuo concepto de “pick ‘n’ mix”, en el que comprador selecciona la combinación de dulces que mejor le parezcan de los muchos y variados que se ofrecen, los pesa y los paga, libre ya para disfrutar de una combinación individual y satisfacer su antojo; creo que esa imagen es muy apropiada para esta antología.
Nathanial  Gardner

La selección del texto es importante, y así la traducción puede  ser un acto de resistencia,
recuperando un texto que ha sido excluido del canon actual.
Anna Maria D’Amore


Voces zacatecanas. Zacatecan voices (México, 2012, Téxere, UAZ, 175 pp). reúne textos de 8 escritores que han escrito en Zacatecas. Están aquí los que de esta tierra se han nutrido desde el nacimiento, están los que la han habitado por diversas razones y tiempos y los que procedentes de otro territorio han decidido quedarse a vivirla. Esto incluye a los que han llevado los textos de una a otra lengua, del español al inglés.
De allí que el libro muestre a escritores cuyo nacimiento va de 1956 a 1987. El registro de sus publicaciones inicia en la década de los 70 y los muestra en plena producción en los albores de la segunda década del siglo XXI. En conjunto forman un arco de poco menos de medio siglo de actividad. Por supuesto, Efraín rebasa con 7 la cincuentena y a Salvador le faltan 26 para el medio centenario. Los dos ocupan una posición en el campo literario. Están aquí: Efraín Gutiérrez de la Isla (Zacatecas, 1956), Alejandro García (León, 1959), Javier Acosta (Estancia de Ánimas, 1967), María Isela Sánchez Valadez (Zacatecas, 1969), Scherezade Bigdalí Hernández López (Guanajuato, 1972),  Maritza Manríquez Buendía (Ojocaliente, 1974), Mauricio Moncada, (México, 1979), Salvador Alejandro Lira Saucedo (Zacatecas, 1987).
Además de estas 8 voces zacatecanas están por lo menos tres que le dan otra dimensión al libro. Estamos frente aun libro bilingüe, una muestra de literatura escrita en Zacatecas perteneciente, sin duda, a la literatura mexicana. Toda la muestra es de calidad suficiente para declararla sin pudor ni regateos literatura sin adjetivos. Pero ahora no me voy a dedicar al límite de la literatura, sino a las amplitudes del campo.
Aquí están tres traductores: Anna Maria D’Amore Wilkinson, Maureen Sophia Harkins y Nathanial Gardner que han aquilatado esa calidad literario y la han encontrado digna de su labor. Llevar los mundos de esta literatura encapsulados en el español a los mundos posibles primero del traductor inglés y después del potencial lector en este mismo código. Que estos autores accedan a una segunda lengua y a un público distinto y diverso es importante. Por una parte habla de la valoración que de los autores tienen los traductores, por otra parte habla de esa atención sobre escritores que por una circunstancia u otra, estén lejanos, bien del canon, bien de las candilejas, bien, incluso, de la existencia literaria. Examinando los datos de los autores, hay una buena cantidad de reconocimientos y libros publicados, capital cultural y simbólico, ninguno de ellos se encuentra dentro de la literatura de un mercado amplio.
Sin duda la  traducción y la traductología es producto excelente de una labor que hace poco se ha fundado en la universidad baja el tesón y la altura de miras de la Dra. D’Amore, ha tenido sus antecedentes en diversas publicaciones, entre las que, me consta, una lo ha hecho con calidez y aventura, la legendaria revista Dosfilos, al mando del poeta José de ´Jesús Sampedro. Esta actividad, tan necesaria en nuestro entorno, une la actividad académica y la cultural, intelectual y literaria con una visión lejana a la provincia y proclive al universalismo, partiendo de una saludable práctica de la región. Un nuevo grado alcanza tal actividad cuando la tenemos en ese producto maravilloso que es el libro, que lo mismo nos filtra el sabroso olor de la panadería de Ramón López Velarde, que los olores que exhalan estos textos en donde perversidad y bondad se pueden afianzar en el regusto de todos nuestros sentidos.
Con Voces zacatecanas. Zacatecan voices me viene a la memoria aquella historia de John Wilkins, recontada por Umberto Eco, en la que un heraldo llevaba una carta y una cantidad de higos para el destinatario, el número de piezas constaba en la misiva. Al llegar a destino y ser imprecado por el dueño de las frutas, supuso el otro que lo había visto la carta, por lo que en otra ocasión comió los higos una vez que había escondido la carta debajo de la piedra. Evidentemente los libros irradian realidades múltiples, en sus páginas, forros, portadas y contraportadas vagabundean personas, escenarios, suspiros, sueños y olores. Y son voces que salen y contagian; pero también son influidos por voces y realidades que viene de quien los apresa entre sus dos ojos. Es un intercambio, una guerra de la que siempre se sale vivo, aunque esto también es un decir.
Aquí puede ir de la Avenida Hidalgo (I have walked along Avenida Hidalgo/ in thirteen different cities) al pueblo-caja-matriz (That’s why, I’m watching the Hills that cover the town-box-womb that sheltered us for a while move further and further away), de La Brisa (The Brisa was an anormous ancestral mansion that little by little had been taken apart and swallowed up by the neighborhood) a dos ciudades amarradas por hogueras (of two cities tied together by bonfieres/ of bees), del pasillo de los sueños rotos (In the hallway broken dreams, a man runs afther a light), al pueblo cubierto por una cobija de colores (In those days, the town was covered with a colored blanket, an allencompassing patchwork blanket), del relato excitante (No, keep telling the story and I’ll see what I can do. Please her, I want her to tell her story with style) a una vecindad fría y vieja (This building is cold and old, the doors creak when they open and there is a stench of humifity wherever you go).
Hay más cosas, claro, pero las muchas voces encontrarán la manera de disputar su supremacía, de atrapar la pasión del lector.

(Voces zacatecanas. Zacatecan voices se presentará el domingo 31 de marzo, dentro del Programa Académico del Festival Cultural Zacatecas 2013, a las 17 horas en la Casa del Arte y la Palabra. Vale la pena asistir a este evento y adquirir el libro.)


Cinta amarilla, lechita y buqué de huitlacoche





—Oye, Atoto, ¿quiénes son los de “arribota”?
—Ni te imaginas, más te vale no saber. No te compliques la vida.
Miguel Ángel Chávez Díaz de León


Pablo Faraón es un policía de Ciudad Juárez. Su labor se ha reducido a colocar la cinta amarilla que colocan las autoridades para aislar un lugar de hechos delictuosos. Apropiarse de la escena del crimen. Pablo ha hecho crecer tan modesta labor, en parte porque la ciudad fronteriza hierve de violencia y muertes, en parte porque ahora cuenta con un equipo de tres colaboradores, incluida una linda mujer, viuda de un policía, quien no sólo pierde a su esposo sino que padece la desaparición de su hijita. El Comandante Amarillo también se convierte en el adelantado cuando existe un hecho de sangre, puede maniobrar en los macabros escenarios, de allí que capitalizará su área de castigo como territorio donde se genera su crecimiento y su heroicidad.
Creo que el mayor mérito de esta obra de Miguel Ángel Chávez de León (Ciudad Juárez, 1962) es construir desde la cimentación misma. La sociedad está agredida porque las autoridades están infiltradas en el mundo de violencia que se vive. El crimen y su ataque generan una industria y numerosas necesidades que implican dinero por parte del contribuyente; pero también están los aceitados meandros por donde corre la paga, el estímulo económico, la cooptación. Pablo Faraón recibe mensualmente una cantidad que no sabe a ciencia cierta  quién le manda. También sabe que de no recibirla podrá ser excluido el honorable Cuerpo que lo alberga o ser eliminado por sus altos principios éticos.
Podrá saber que en la lucha entre la gente del Chavo Gaitán y la de La Regla, los dos cárteles que quieren dominar Ciudad Juárez, hay la necesidad de muchos sacrificios, de muchos mensajes cifrados, de muestras de violencia y poderío y que también se necesita de hábiles negociadores que regresen la lucha a estándares aceptables. Conocerá, a la manera de los personajes de Dickens, que hay quién se preocupa por él, quién le engrasa el bolsillo y quién lo considera el elemento justo para la tregua y las nuevas reglas dentro del territorio del antiguo Paso del Norte. Sólo que el rostro del responsable es inatrapable.
Éste ir desde abajo, este seguir a los personajes para que se vean más grandes, para que poco a poco nos vayan llevando a la realidad, rebasarla y poder verla en sus entrañas desde adentro, tiene dos marcadores que por momentos nos parecen risueños y ridículos y conforme avanza la lectura nos damos cuenta de que son meros cooptadores del lector, elementos que le permiten al autor meter a la presa en la trampa textual: el medio galón de leche, que aparece en los diversos crímenes, y el huitlacoche. Son, además, característica fundamental en el violento (Atoto) y en el policía (Pablo). Toda la violencia del primero reposa en el consumo de lechita,  toda la vida del policía venido a menos pero en proceso de recuperación pasa por el huitlacoche. Así, el autor utiliza esquemas narrativos propios del género e incluso del best seller (mucho dinero, bala, bellas mujeres, vida regalada, fama), pero los pone al revés y eso empapa la novela de un tierno antiheroicismo, o una épica por equivocación o porque no queda otra salida.  
El momento culminante de lo anterior es cuando descubre que la hermosa mujer con quien trabaja, Ruth, la viuda pundonorosa, en zozobra permanente por la ausencia de su hijta pero en aumentativa actividad de admiración y cercanía, por eso mismo energía volcánica, tiene una esencia sexual de huitlacoche:

Besé su barriguita y sus caderas, hasta que llegué al meollo del asunto y mi boca y mi lengua exploraron sus intimidades. Al instante advertí un buqué que me era conocido: su sexo me impregnó de un sabor muy similar al del huitlacoche.

Como en el caso de los apodos, que de molestos y degradantes llegan a transformarse en característica valerosa adquirida, en diferencia positiva, aquí los personajes adquieren densidad desde el revés: el Comandante Amarillo se convierte en un poseedor de información privilegiada y el adjetivo se torna envidiable. Una dama ordinaria, eso sí muy bienformada, víctima de la violencia, después de la muerte de su marido, se refugia en la corporación, allí se cree protegida y la envían a donde sea menos acosada y menos propicia para los sicarios. Termina en medio de las balaceras y su duelo se purga en el encuentro con Faraón, quien lleva a mejor destino el simple apellido. Faraón será el designado para intentar la tregua entre los cárteles.
Chávez Díaz de León nos muestra una sociedad agredida por la violencia, en donde los hombres que deben defender a la gente común tienen la obligación de mancharse de esa corrosión como forma de sobrevivencia. Habrá momentos en que el delicado equilibrio se rompa y entonces las muertes aumentan y las señales de violencia informan sobre el estado de las disputas. El policía no es más ese defensor inocente de la sociedad y si acaso lo es, pronto sabrá que no podrá serlo ni disimularlo.
De allí que la vida deba desenvolverse sobre la huella de los muertos y los mejores actos del hombre si acaso desafíen el imperio de la agresividad. En ese entorno aprenderán a ser amorosos, cotidianos, buenos gourmets, pero la cita con la muerte podrá estar a la vuelta de la esquina.
Novela de humor negro, no podrá ser otro el color, por momentos desopilante, Policía de Ciudad Juárez (México, Océano, 2012, 156 pp.) no se suma a la mera lista sobre la violencia en México. Ni la loa ni la sataniza, simplemente la muestra y la pone al alcance del lector. Claro que con humor duele más.



sábado, 13 de julio de 2013

La caricia del ángel

]Efemérides y saldos[


La caricia del ángel
Alejandro García

Él era el único hombre en el mundo que había sido abrazado por un ángel. Volvió a sentir aquellas alas, que ahora la mujer no tenía, estrechando su cuerpo, mientras ella le practicaba el masaje, mejor dicho, por efecto del masaje.
Cees Nooteboom


Publicado en 2006, Perdido el paraíso (Barcelona, 2010, Debolsillo/ Siruela, 159 pp), es un buen libro para iniciar el contacto con la obra narrativa del holandés Cees Nooteboom. La novela presenta una serie de intertextualidades con El paraíso perdido de Milton, con la figura del ángel de Walter Benjamin y con el cuadro de Paul Klee Angelus Novus comentado por el mismo filósofo alemán, quien según entiendo también fue propietario del lienzo. También hay alusiones a otros artistas que han tematizado a estos seres cercanos a la corte celestial, pero que han jugado un papel variable en el proceso de desdivinización a partir de la Modernidad.
La obra consta de una advertencia, un epígrafe de Benjamin, un “Prólogo”, “Primera parte”, “Segunda parte” y “Epílogo”. Cierra con un fragmento de El paraíso perdido de John Milton, aunque una vez que el “Epílogo” ha cerrado con la datación espacio-temporal de la escritura: “Ámsterdam, febrero de 2003. Es Consell, San Luis, 26 de agosto de 2004”.
El núcleo de la novela se encuentra en las dos partes. En la primera, Alma y Almut viajan a Australia a tratar de establecer contacto con el mundo de los aborígenes. Alma ha sufrido una violación múltiple después de incursionar en la favela de Paraisópolis, en Sao Paolo, Brasil. En Australia se va adentrando en otras realidades que no son las que ella conoce acerca de ese mundo que busca y que ha sido producto de sus búsquedas como lectora. Combinando sus ahorros con algunas ganancias como masajista llega a mantener relaciones con un artista nativo, con quien topa  en hueso en cuanto a conocimiento. Él no puede traicionar a su grupo, ni llevarla ante él. Ella no puede entregarse porque esa capacidad le ha sido perturbada por la posesión violenta de su carne.
Yo estoy aquí para librarme de mis demonios. Él está aquí para follarme. Creo yo. Eso es al menos lo que hemos hecho estos últimos días. Una semana, me dijo; no puede estar más conmigo. Tiene que regresar a su mob. El mob, así llaman aquí al clan. No me ha querido decir dónde está su mob. En algún lugar del outback, de esa infinita extensión despoblada de Australia. No tengo ni idea de lo que pasa por su cabeza. Quizá sea él quien me está engañando a mí. Aunque ¿puede mentir alguien que apenas habla?

En la segunda, Erik Zondag, un prestigioso y polémico crítico literario holandés va a un festival a Australia. En él, asistirán a un espectáculo, inspirado en El paraíso perdido en que ellos deberán buscar a los ángeles. Éstos serán caracterizados por jóvenes contratados para cumplir ese papel y que no deberán moverse o hablar con los visitantes. Erik será cautivado por un ángel encarnado por una muchacha con aspecto de chico, Alma, un ángel que está metido en un armario, de espaldas a él y que por lo tanto no puede verlo, sólo oírlo. De allí la reciprocidad del no verse a los ojos y de no hablarse. Al final de la escenificación ángeles y hombres conviven en la playa y se conocen antes de partir. Tiempo después Erik irá a un lugar de masaje y se encontrará con Alma y rememorará la aventura con el ángel.
En “Prólogo” un escritor vuela de Friedrichshafen al aeropuerto Tempelholf de Berlín (cerrado hace cerca de un lustro) en un avión y una hermosísima mujer se sienta un asiento adelante, en el lado contrario, junto a la ventanilla y eso le permite admirarla. Lleva consigo un libro, con una dedicatoria en la contraportada, que apenas hojea. También pasa sus ojos por la revista de la línea aérea en donde se hace propaganda de Sao Paolo y de los aborígenes australianos. Al terminar el vuelo ella envuelve su libro, sale del avión y es recibida por un hombre que le da un beso.
En “Epílogo” el escritor ha terminado de escribir la historia de Alma y Almut y parte  en tren de Lichtenberg, Berlín, a Moscú. Allí se reencontrará con la hermosa mujer y por fin hablarán del libro, que no es otro que El paraíso perdido. Al igual que Alma, espera expulsar a los demonios después de su mala experiencia, el escritor quiere expulsar a los suyos, incluidos los personajes que deben retornar, si cabe, a sus lugares de origen o seguir su destino.
La entrada y salida de la novela, permiten acercarnos al misterio de la creación. La hermosa mujer toca la revista en que se ven los escenarios donde se moverán los personajes en busca de consuelo y de reposo. Serán ángeles también. El autor, que en este caso observa la apostura de la mujer, su sueño y el momento en que él mismo puede dedicarse a escribir parte de un prólogo para un libro de ángeles en cementerios. Ambos, mujer y autor se constituyen en figuras de toque, que otorgan vida y disfrutan con ello.
Ciertamente el ángel de Benjamin ve hacia  atrás las ruinas, en el pasado, pero luego es envuelto por el Huracán, el futuro. Los personajes cargan con el dolor, penetran territorio en busca de respuesta. No es muy seguro si el futuro los ha salvado o los ha postrado en la derrota irremediable. Lo cierto es que El paraíso perdido de Milton otorga al hombre la capacidad de vivir fuera del paraíso y desde allí será también capaz de recibir a Dios y de darle un sitio importante entre los hombres. De su derrota ha salido triunfante, aunque con la nostalgia permanente que le permite reconstruir el Edén sin las prohibiciones del todopoderoso.


Ardor, dureza y suavidad de la iguana

]Efemérides y saldos[


Ardor, dureza y suavidad de la iguana
Alejandro García

“Aquí nadie puede hablar mal de las iguanas”, lo interrumpió Greg Maxwell, “han sido la bendición de este pueblo pintoresco”. “Anoche forniqué con una”, dijo Burton y se corrigió. “Ella. Ella fornicó conmigo. Una iguana es una iguana es una iguana…”
David Martín del Campo


En No desearás. Novelas de ebriedad fornicación y olvido (México, 2012, Alfaguara, 271 pp) nos enfrentamos a dos historias hábilmente engarzadas. En la primera nos adentramos en la Vallarta de los años 60, apenas un caserío de pescadores, a donde llega un grupo de norteamericanos encabezado por John Houston a la filmación de la película La noche de la iguana basada en la obra de Tennesse Williams. Se escogió la playa de Mismaloya. La novela de David Martín del Campo sigue a Ava Gardner, una actriz que en los descansos del rodaje bebe, purga o disfruta sus divorcios y todas las noches recibe la visita de dos pescadores mexicanos que han venido con ella desde Acapulco y la toman sexualmente todas las noches en riguroso orden y horario, Roberto el Guango y Manuel el Seco. También desembolsa diariamente 100 pesos para sus garañones.
El otro foco de tensional es el de la relación tempestuosa entre Elizabeth Taylor y Richard Burton. El drama de la película se corre a la vida real, el sacerdote poseído por los instintos corre como Richard Burton por los senderos que llevan a las residencias exclusivas que habitan. Están ya las reyertas, los celos, el alcoholismo del  actor y el vaivén de la mujer de ojos color violeta. Se da pues un singular tránsito de la vida de los actores a los personajes que representan. Pero obviamente sabemos que son vistos desde la novela de Davíd Martín del Campo y a mitad de la obra sabemos que son producto de otra novela, de allí que los pliegues de la ficción terminen con las reglas de la realidad y lo que queda es una discursividad desde diversos puntos de enunciación y desde intereses muy diversos.
No desearás. Novelas de ebriedad fornicación y olvido toca puntos importantes sobre la vida de esa industria monstruosa que se llama Hollywood y que en la novela todavía permite la presencia del cine nacional a través de Emilio “Indio” Fernández y Gabriel Figueroa, pero nuestro  cuando cine ya iba en picada. No así el cine norteamericano y sus figuras:

De modo que, les anunció, perfectamente se podían matar unos a otros; pero eso sí, después del último día de rodaje. Y es que Deborah Kerr viajaba con su esposo, Peter Viertel, que había sido amante de Ava Gardner, que había sido amante de John Houston en 1956, que había cortejado a Liz Taylor, que era amante de Richard Burton, que era pareja fílmica y de parrandas de Ava Gardner, que había sido amante de Howard Hughes, del torero Luis Miguel Dominguín, de Clark Gable, y exposa de Mickey Rooney y Frank Sinatra, quien ahora salía con Laureen Bacall, que había enviudado de Humphrey Bogart, quien fuera el mejor amigo de John Houston. El mismo infierno, desde dentro.

Esta verdadera nave de locos que navega en busca de representaciones en pasajes  exóticos, en paraísos que acaso sólo contribuyen a corromper prosigue su carrera en pos de la gloria. De cualquier manera la iguana hollywoodesca llegará para quedarse y será una parte del ancla de millones de turistas que convertirán Vallarta en uno de los principales lugares de vacaciones. Allí estarán las residencias como testigos reciclados de tan famosos personajes.
La segunda historia es la búsqueda  del novelista Peter Cobb por parte de la periodista Fara Berruecos. Ella acaba de ser operada para reducirle los pechos y su matrimonio vive en la crisis permanente. Años atrás ha conocido a Cobb, autor de fama debida a su novela sobre la estancia de los norteamericanos durante la filmación de La noche de la iguana, y han tenido varios encuentros amorosos. La fama ha venido acompañada de contradicciones, de inconformidades y ha sufrido un desgaste. Cobb retorna a Vallarta en busca de una segunda parte, pero desaparece misteriosamente.
Durante su estancia en la nueva Vallarta o en la actual Vallarta entrevistará a personajes que lo mismo la llevan a la mesa del forense a reconocer a un Cobb que no lo es, que a un habitante de Vallarta que se repliega a la sierra y al parecer es un falso confidente de Cobb que nutre la versión de los hechos. Y también están las visitas al infierno que han realizado tanto como Cobb como Fara.
Y la capa de iguanas se cierra con una mujer que viaja con su esposo. Ambos se convierten en sus protectores, pero el día que ella regresa, ante el terremoto del 85 en la ciudad de México, el hombre se ahoga y ella tendrá que confesar que ambos estaban casados, pero con otras parejas y que cada año convivían como pareja ciertamente feliz.
Ésta una de muchas lecturas de la novela, predomina lo femenino de iguana, pero es indudable que se refiere a la pareja. Se necesitan dos. Dice la voz de un personaje:


¿No las has visto copular? Las iguanas son los animales más calientes del mundo. Bostezan al sol y es la señal para anunciar “quiero tener sexo”. Siempre están bostezando y siempre están, ¿cómo dicen ustedes?... cogiendo

Amar entre charnegos y quinquis

]Efemérides y saldos[


Amar entre charnegos y quinquis
Alejandro García

Le conté a Tere lo que el Zarco me había contado de ella en la cárcel. Tere se rió sin soltarme; bailaba cogida de mi nuca, su cuerpo apretado contra mi cuerpo, su cara muy cerca de la mía. Es mentira, ¿verdad?, pregunté. Es verdad, contestó. Te lo redicho mil veces. ¿Entonces por qué te escapabas siempre? ¿Por qué te ibas con otros? Yo no me escapaba, contestó Tere. Y el que no me hacía caso eras tú.
Javier Cercas


Ampliamente reconocido por su novela Los soldados de Salamina (2001) y por su deslumbrante análisis de la transición a la democracia española, así fuera mediante un golpe de Estado, Anatomía de un instante (2009), Javier Cercas nos entrega ahora Las leyes de la frontera, publicada el año pasado, pero que ha sido presentada en nuestro país apenas en enero de este año.
La novela narra la historia de un joven, El Zarco, quien en 1978 vive en pabellones para jóvenes, en la orilla de la ciudad, en el cinturón de chabolas que rodean a Gerona. Desde allí, gracias a su robos de gasolineras, automóviles y bancos, que le valdrán una sentencia larguísima en la cárcel, se convertirá en una figura mediática.
Cañas o El Gafitas vive en un barrio de charnegos, inmigrantes que de diversas zonas de España llegaron a Gerona. Sólo una línea divide su barrio de clase media de la zona quinqui. Tanto quinquis como charnegos están en los márgenes sociales, sólo que mientras el mundo de charnegos puede llegar a la inclusión, el de los quinquis no tiene vuelta, es el territorio de la violencia, de la droga, del crimen, zona donde los delincuentes y los policías conviven, los unos prestos a burlar, los otros listos a atrapar u obtener información sobre delitos.
Gafitas huye de sus compañeros, quienes la han tomado contra él, especialmente el hijo del patrón de su padre, Batista, quien lo ha obligado a lamerle los zapatos. Del mundo de la violencia vendrán el Zarco y Tere, mujer que deslumbra a Cañas y lo somete de por vida. Le soltará la hebra, pero la tensará cuando le dé la gana.
Gafitas escapa de sus compañeros y se involucra en el mundo de la delincuencia y de la droga. Ha atravesado la frontera y acatará sus leyes. El final no es feliz: primero atrapan al equipo que no es del Zarco  (un muerto, un inválido y el resto va preso). Después cae el otro grupo, tras el fracasado asalto de un banco, pero Gafitas escapa y él sospecha que El Zarco detiene a los policías para que pueda escapar. ¿Quién fue el chivato que los entregó?
La segunda parte de la historia trata de la reaparición de Tere con la ahora mujer del Zarco, María, para que defienda a éste. El hoy abogado se dedicará durante dos años a lograr que su antiguo jefe de pandilla salga indultado, pero poco después vuelve a las andadas y la sentencia anterior se le sostiene y se agrega lo que merece por su reciente fechoría. Habrá nuevos intentos de que retome el caso, la mujer se convierte en fuente de denuncia y figura de medios, de allí que el abogado habrá de soportar depresiones y crisis hasta que la lógica se impone.
Pero en el fondo, a manera de ritmo se trata aquí de la continua reaparición de Teresa, esa fuerza que lo altera, que lo dispone para lo que ella quiera. Es Tere la que le da la mejor caricia de su vida en los baños de un sitio de maquinitas, la que le hace el amor en un viaje a la playa, la que baila y se acuesta con él mientras dedica a la defensa, la que lo ama antes de que la crisis cierre los caminos. Siempre se escapa, se niega a quedarse, a prolongar la experiencia. 
Es también gracias a ella que va al otro barrio, que se integra a la banda, que defiende al Zarco. Y es gracias a ella que la obra se convierte en acertijo. Por ejemplo, nunca se sabe si ella realmente lo quiere. Tampoco se sabe la forma de relación entre Tere y el Zarco y más se complica cuando ella le dice que son hermanos y que sólo ella lo sabe o cuando confiesa que fue la soplona que propició que la policía lo entrampara. Y el policía jamás corrobora la versión de que el chivatazo lo diera ella y le pidiera que dejara ir a Gafitas. Lo que sí parece cierto es que el policía lo deja ir.
Total, se diga lo que se diga la vida ya se jodió. Pero creo que sobre todo la vida se ha ido, ha corrido con ellos y el pasado sirve de poco, lo curioso es que ese pasado los sigue moviendo y sigue aportando nuevas versiones que lejos de aclarar confunden.
La novela se construye a base de entrevistas. Un escritor trata de obtener materia prima para acercarse al Zarco y será él quien conozca las versiones del policía, del protagonista y del abogado.
La duda se suspende:

No me fío de los periodistas, sobre todo de los periodistas serios o supuestamente serios. Son los peores. Ellos sí que mienten, no los frívolos. Los periodistas frívolos mienten pero todo el mundo sabe que mienten y nadie les hace caso, o casi nadie; en cambio los periodistas serios mienten escudándose en la verdad, y por eso todo el mundo los cree. Y por eso sus mentiras hacen tanto daño.


Siete rayas de tigre o de pargo en la raya

]Efemérides y saldos[


Siete rayas de tigre o de pargo en la raya
Alejandro García

Amador sintió que perdía su presa, y se le hizo fácil sujetarse a un pilar. En lo que lo cuento, el pargo dio varias vueltas al poste, como quien enrolla un trompo. Lo dejó allí amarrado. Al rato, como no afloraba,  se lanzaron los tres amigos para buscarlo. Allí lo encontraron, liado e inmóvil contra el madero. Y el monstruo, sujeto por la cuerda, boqueando a medio metro del muchacho.
David Martín del Campo


Las siete heridas del mar (México, 2011, Ediciones B, 519 pp.) es la historia de un aprendizaje, el de Antonio y las 7 mujeres que se atraviesan en su vida. Novela de ascenso, de prueba, no se agota allí. Es también una visita al Acapulco ruizcortinista, la caja de resonancia del Milagro mexicano una vez que el alemanismo había creado su casa y caja chica y se diagnosticaba nuestro jefatura en el concierto de las naciones y la indetenible modernización del vetusto y aguerrido país.
Es también la obra de un escritor nacido en 1952, David Martín del Campo, que muy joven (1976) publicó en la legendaria editorial Joaquín Mortiz su novela Las rojas son las carreteras y que se ha convertido en un visitante a diversas zonas y ciudades de la república, en especial los puertos, entrada y salida de nuestro país con su dualidad de paraísos e infiernos: Veracruz, Vallarta, Mazatlán, la costa tamaulipeca. Es sin duda uno de los narradores más prolíficos entre los nacidos en la década que va del segundo lustro de los 40 al primero de los 50: Guillermo Samperio, Alberto Huerta, Luis Arturo Ramos, Samuel Walter Medina, Agustín Ramos, David Ojeda.
Antonio Camargo, hijo de un general cuya mayor orgullo fue cortar cabezas durante la Cristiada e integrarse a la vida civil como empresario, escapa de la rigidez paterna que no soporta la prolongación de su linaje en dos hijos que quieren ser pianistas. El hermano se suicida y la trama familiar oculta sus debilidades y Antonio decide partir a Acapulco a administrar un barco que se convertirá en cantina de empresarios, diputados, actores norteamericanos; refugio de hermosas mujeres, escenario de grupos locales y de una pianista venida desde Rusia y en madriguera donde los grupos criminales verán la forma de ganar dinero de manera más fácil.
Antonio nació en un tranvía y su madre es la primera herida, mujer que soporta con estoicismo el maltrato del marido y los recovecos de los hijos y que siempre tendrá la red lista para actuar en caso necesario. Antonio es afortunado, perseguido por las mujeres, hábil narrador, presto a la aventura, ajeno a la vida que representa su padre. Tendrá que gozar y padecer los amores con Cindy y Sasha, exiliadas de sus infiernos norteamericano y soviético, hermosas, joven una, madura la otra. Pero también están Karla y Melissa, la victimaria y la víctima, la que le impide resolver su vida económica pues huye con el botín, pero a la vez le permite conocer a su padre en situación límite y haciendo uso de las cualidades castrenses en defensa propia, mientras que Melissa reposa en el fondo del océano junto con su marido y se llevará con ella al socio de Antonio, pues los pulmones no le aguantan ante la exigencia policial de sacar la parte faltante del cadáver. Y están por último Kalyani, la amiga íntima de Cindy, la hindú a quien el marido ha impedido cualquier contacto con la norteamericana, que llegará a buscarla cuando la rubia se ha desvanecido, ha muerto. Y Paulina, la mujer atmósfera, el huracán enfebrecido, las formas de mujer sobre el puerto y sobre sus habitantes.
Hay además otras tentaciones, una prima de nalgas monumentales, una nativa de lujuria presta con gonorrea incluida, una actriz mexicana ansiosa de mostrar sus senos.
Buena parte de la novela se tiene la impresión de que Antonio es un simple personaje por el que pasan los otros sin que él adquiera densidad; pero a partir del contacto con el padre y del cruce entre la rusa y la norteamericana, comienza a adquirir mayor densidad y los meandros de los personajes femeninos nos lanzan a una novela en donde Acapulco empieza a palidecer y se convierte el mismo puerto en punto de llegada de almas atormentadas, de turistas al borde de la vida. Así Cindy irá siempre detrás de la sombra de su padre, quien a su vez irá tras la sombra de la sombra, aunque ésta pueda llamarse Jack London y se viva como simple bastardía.
De modo que en Las siete heridas del mar conviven Antonio y su hermano, la plena carne y su ausencia inclemente, la desaforada propaganda de un régimen corrupto y la misma guerra fría que va tras sus víctimas, en el caso de los norteamericanos con la pila puesta desde la partida, en el caso de los soviéticos con gentiles panópticos que sólo esperan el momento oportuno para regresar al desobediente.
Antonio ve a los difuntos, allí se finca una más de sus distancias con respecto a los hechos que parecen no hundirlo ni doblarlo:

Se me aparecen… Voy nadando y surgen como momias, como fantasmas, descarnados. Me llaman, que los acompañe. Luego me entero de que han muerto.


Sin embargo, las preguntas surgen: ¿Antonio es un tigre que se prepara para el espectáculo o para ejercer su función depredadora y esas 7 heridas le recuerdan su misión? ¿O se trata del pargo que lo mismo enreda a su victimario y empata el duelo que recibe los 7 cortes antes de entrar al asador a convertirse en zarandeado? 

Cambio de manos: liberación

]Efemérides y saldos[


Cambio de manos: liberación
Alejandro García

Ella misma, que ya es libre pero no puede hacer nada con esa libertad, ni ella ni los demás, ni el tullido allí el sótano, ninguno sabe qué hacer con la libertad, porque son seres humanos
Sándor Márai


Budapest, 1945. Los alemanes resisten metro a metro el avance de los rusos. Frecuentemente se repliegan y van desalojando a los húngaros, la valentía invasora pone frecuentemente en medio a la población civil. Los cruces flechadas hacen el trabajo sucio de continuar con la molienda de judíos, comunistas e indiferentes a la política. También los comunistas despliegan su estrategia de espera de los soviéticos.
Erzsébet Sós tiene 23 años, es enfermera y ha vivido a salto de mata los últimos 10 meses. 24 días en torno al fin del 44 y principios del 45 sufre el asedio de la ciudad. Su nombre es real, no así el apellido. Ha renunciado a viajar con los estudiantes húngaros a Alemania y así ponerse a salvo, con eso se ha hecho sospechosa al régimen y está el asunto del parentesco, de allí su necesidad de otra identidad. Se encuentra en Budapest y debe proteger a su padre, un científico cuya única debilidad parece ser su no compromiso político. Claro, para los invasores representa una amenaza porque tiene simpatía por los débiles y una actitud crítica. Estar ajeno a los bandos es su mayor peligro, la muerte pende sobre él y la hija la ha llevado de refugio, mientras ella, a prudente distancia, vigila que no sea atrapado. Es uno de esos casos en la derecha lo ve como izquierdoso y la izquierda como derechista. No tiene asidero. En todos lados resulta incómodo.
Se ha dicho que los rusos representan el final de la pesadilla, la expulsión de los alemanes y el fin de la persecución, el abuso y la muerte. Desde luego, además de la propaganda está la situación desesperada en que los han sumido los nazis y sus aliados locales. Los rusos harán su voluntad. Al oriente, sur y sureste de Alemania los aliados no tuvieron el mismo peso en el reparto territorial. Lejana a las piezas del ajedrez Erzsébet consigue un refugio por fin. Su padre es encerrado a ladrillo y cal, es la única manera de sobrevivir, no sin peligros, en esa área que día a día se estrecha más y donde la liberación es cada vez para menos gentes.
En el sótano de un edificio se hacinan diversos personajes, entre ellos una joven y un anciano inválido, la intrepidez  y la experiencia han logrado sortear diversas trampas. Por fin un día se dice que los rusos están del otro lado de la calle y los alemanes huyen con la masa de gente que son su protección y su escudo humano. La joven se va, no osin antes gritar “Liberación”, el anciano se queda y le pide a Erzsébet que haga lo mismo, sabe que en cada desplazamiento hay muertos, ejecuciones, cadáveres que se quedan en el camino. Si se quedan, pueden salvar la vida. Tanto alemanes como cruces flechadas no descansan, muerden y humillan al derrotado y no le dan oportunidad de ver a los rusos.
Erzsébet sabe que su padre puede ser descubierto o convertir su madriguera en ratonera. Un poco convencida por el anciano y otro poco orillada por la llegada de un ruso se da cuenta de que la liberación ha llegado. No hay júbilo, ni de los liberados ni de los liberadores. Hay escasez, un triunfo apenas esbozado y el viejo calla, pero no ella, es descubierta con el ruso, lo tranquiliza, a pesar de la diferencia de lenguas, lo estudia, pero finalmente el llamado de la carne se impone en el victorioso y toma a la presa liberada. Sí, el cambio de manos ha llegado. Es la nueva libertad. Vendrán hombres más toscos, continuarán pequeñas refriegas entre bandos, pero las antiguas víctimas sólo cambiarán el adjetivo “antiguas” por “permanentes”o “futuras”. Se sospecha que el padre saldrá del refugio, pero el problema ahora es otro, la pesadilla no ha terminado.

Desde que tiene uso de razón… ha oído hablar de los bolcheviques como de seres demoníacos y depravados que se dedican a devorar niños en las iglesias… Claro que ella… sabe que los bolcheviques están organizando una nueva sociedad y que al hacerlo seguramente cometen errores y crueldades, pero los guían la fe y el entusiasmo, elevados ideales.

Sándor Márai ha sido conocido por amplio público gracias a la editorial Salamandra. Se reconoce así a un escritor nacido en 1900 en Kassa, entonces ciudad húngara y hoy eslovaca. Exiliado en los años 20 por un régimen húngaro represivo, se mantuvo lejos por la guerra y por el régimen comunista. Se suicidó en 1989 en San Diego, California.

  En Liberación (Barcelona, 2012, Salamandra, 158 pp) Márai construye un personaje protector, listo siempre a leer la realidad que amenaza la seguridad de su padre. La gran tensión de meses, el imperio de la muerte, el olor de la derrota (doble en el caso de ellos: derrotados por los nazis y por los cruces flechadas. Después vendrá la tercera caída). Erzsébet se mueve en la realidad, cubre y aspira a salvar su vida y la de los demás. Seguirá luchando, es esto estará seguro el lector.